6 oct. 2014

Ciervos

7,30 y ya en la Collada de Arnicio, esperando a que haya un poco de luz, por lo menos la suficiente para acabar de preparar la mochila. Nublado, con niebla y orbayando así que hasta las 8 no pude hacer nada, eso sí, ya no volvió a caer una gota de agua en toda la mañana y quedó un día de libro para los Ciervos: humedad y nada de sol. Los oí bastante animados hasta las 9 o así, pero en los montes opuestos, al otro lado de la carretera. En la zona que estaba yo nada de nada, ni uno ni medio. Voy mirando por zonas que más o menos conozco que puedan estar y cero, así que subo al Busllar a ver las camperas de arriba. Sigo de vacío, y mira que desde ahí se ven los cotoyales hasta Tanes y nada, ni cerca ni lejos. Solo me queda el espolón que baja desde el pico y que puedo controlar desde el otro espolón que cierra la vaguada que forman entre los dos. Bueno, algo se mueve, primero veo un Rebeco pastando tranquilo y luego lo que creo una Cierva, y que cuando se mueve veo que es un vareto. Ahora sí, veo otra hembra y otros cinco Rebecos, así que malo sea que no ande el macho cerca, y ahí está. Va un poco cabreado por la presencia del adolescente, así que se le acerca, le berra un par de veces y con una mirada ya le vale para el que el joven se dé por aludido y se vaya.



Abajo a la izda. el grande, a la dcha. el joven, y en medio un Rebeco

El sitio es bueno para acercarse, protegido por las piedras, así que tiro para allá rápido porque se me acerca la hora de marchar, voy a tener un problema con los Rebecos, están un poco más altos y pueden verme llegar fastidiándome el intento, pero hay que probar. Vuelvo a subir al Busllar y para abajo corriendo, casi choco con algo, a menos de cinco metros me salta una pieza, no sé si Corzo o uno de los Rebecos, solo vi moverse la cotoya y el trote, pero iba tan lanzado yo, y el bicho, que ni idea. Llego a la zona de los Ciervos y poco a poco, de piedra en piedra voy acercándome, hasta llegar a una distancia digna, y aquí está el resultado.







Ya de vuelta voy pensando en cómo ha bajado la densidad de Ciervos en esta zona en los últimos años, hace 15 ó 20 años era fácil encontrar manadas de 20 ó 30 Ciervas, y ya machos, en la berrea, sin número. Hoy, ver a un macho de esta planta, con una hembra solo, y relativamente bien alimentado, después de tres semanas de berrea que debería de estar un poco más delgadete, me da que pensar que no ha tenido que competir con muchos machos y mucho menos cumplir con demasiadas hembras, señal que no son muchos los que pueblan esta parte del monte. 

Bueres