26 sept. 2011

Collada de Arnicio

Otro intento de pillar algo de la berrea, y otra vez de vacío, casi, para casa.
Esta vez probé a la tarde, llegando a la zona del Busllar levanté una hembra de Ciervo con su cría, así que, pensando que algún macho habría por la zona, a sentarse y esperar, pero nada de nada, ni ver ni oir. Solo un Ratonero se me posó, despistado, cerca, tan despistado que ni se dio cuenta que estaba yo ahí, eso sí, fue verme y en medio segundo ya estaba volando otra vez.
Pero, menudas vistas, sólo por disfrutarlas ya merece la pena subir allá.




Al bajar, ya con los últimos coletazos de luz, me volví a encontrar con otra hembra de Ciervo.

20 sept. 2011

Collada de Arnicio. Rebecos

Con la idea de intentar pillar al Ciervo subí ya de mañana para la zona de la Collada de Arnicio. Por la carretera, y de noche cerrada, me salió a las luces del coche un Turón, estuve un rato siguiéndole, a su paso, hasta que decidió meterse a la cuneta y fue peor el remedio que la enfermedad, eligió mal sitio y no podía subir, al final, con trabajo, lo logró y ya dejé de verlo.
Justo cuando ya empezaba a verse algo el monte eché a andar, entre los bramidos de los Ciervos que a esas horas andan bastante animados.
La parte a la que iba ya la tengo vista de otras veces, pero hoy vi que tiene un problema, está orientada al Sureste, con lo que le da el sol desde primerísima hora y claro, los Ciervos se van hasta la tarde (en la tarde sí que los he oído berrar ahí, así que será cuestión de cambiar de hora). Antes de llegar paro en una vaguada que no tiene vegetación, por si acaso, y mientras monto la cámara veo irse un Jabalí tranquilamente, otra vez será. 
En el hayedo que linda con esa vaguada oigo al menos tres Ciervos, se van moviendo escapando del sol, y vienen precisamente de la zona a la que voy, así que desmonto todo y tiro para allá, justo al entrar al bosque me doy casi de cara con un Ciervo joven (vareto) que no me ve, lo dejo pasar y sigo.
Cuando llego ya a la zona ya no se les oye, a lo sumo allá, a lo lejos, alguno que otro, pero ya están bajando: hay mucho sol.
No me aburro ya que andan bastantes pajarillos entre las hayas, éstas ya deben de tener los frutos en su punto porque no paran de entrar y salir: Carbonero común, Carbonero garrapinos, Carbonero palustre, Herrerillo común, Reyezuelo listado, Pinzón vulgar, Escribano montesino, Mirlo comun, Pito real, Arrendajo. (No perdáis el tiempo abriendo estas fotos, no hay por donde cogerlas y son meramente testimoniales).

 Carbonero común

 Herrerillo común

Pinzón vulgar

Hay también bastante Colirrojo tizón, y, a base de estar parado, alguno hasta se acercó lo suficiente.



Entre ellos apareció éste, que me da que es un joven de Verderón común.


A todo esto por encima empiezan a aparecer Buitres leonados, y de repente cruza el Gavilán como un tiro por delate, con el consiguiente parón en todo tipo de actividad pajaril.

Buitre leonado

Sin enseñarme mucho, por eso de si aparece algún Venado despistado, también me dedico a lo pequeño, y así, a lo tonto, tenía al lado este nido de Avispas papeleras.

Y bastantes ejemplares de Lysandra coridon.


Hembra

Y mientras andaba a ver como se las arreglaba un Ratonero, a lo suyo, y unos Arrendajos escandalosos aparecieron éstos dos, tan tranquilos, a unos 40 metros y ni me vieron, hasta que ya estuvieron bastante lejos, que me moví y arrancaron como locos.








15 sept. 2011

Salamandras

Ayer fui a dar una vuelta por el Río Raigosu, a veces escapo para allá, a ver que pillo (sigo esperando ver algún día algún rastro del Desmán en él, pero nada) y siempre acabo haciendo fotos a todo tipo de rabiones y cascadas. 




Y mientras estaba en esa labor por el suelo me dio tiempo a ver como dos Salamandras escapaban, y otra se quedaba agazapada, esperando a que cambiara de objetivo y pusiera el flash.





Un poco más adelante me encontré con esta curiosa formación de setas, y ya fue hora de ir volviendo a casa.



8 sept. 2011

Por la orilla del río (IV). El resto de invitados

Y cierro ya esta parte, por lo menos durante esta semana, no sé si podre volver al chamizo. Si el tiempo continúa así, si los Ciervos aguantan todavía los amores y si el río no sube, pues igual para la siguiente lo vuelvo a usar, a seguir buscando una foto decente del Mirlo, si no, hasta el año que viene, o al siguiente, ya se verá.
El caso es que un par de días de hide dan para bastante, como ya puse por ahí, estoy particularmente contento con éste, creo que está muy bien disimulado y situado, y, si bien iba a por una especie en concreto al final me sorprendió con cuatro regalos más.
Si hubiera estado más adelantado el mes, o ya en octubre, no hubiera dudado que buenas fotos le hubiera hecho a la Lavandera cascadeña, bastante habitual en este río, pero más abundante en el otoño, con tres o cuatro individuos rondando la cámara, seguro, por lo menos otros años así ha sido.
El primer día ni las ví ni las oí, las eché de menos por eso de estar junto al río pero nada más, al segundo, ya desmontando los aparatos, se me apareció una, hala, vuelta a montar todo otra vez. 
Son bastante confiadas, incluso llegué a tener que bajar zoom porque se me iban de enfoque.






Finalmente, otro que sí que rondó los dos días fue el Arrendajo, escandaloso donde los haya y con apariciones puntuales.



Por la orilla del río (III). Garza real

Otra invitada sorpresa, la verdad que pensaba que hubiera estado bien que me entrara, pero todavía no se ven muchas por el río, se ve que el frío del norte todavía no ha llegado y no se lanzan a viajar.
Pero el caso es que una sí que apareció, la ví de chiripa, mirando a ver por donde andaban los Mirlos de repente la veo asomar detrás de una piedra.


Subidón, subidón. Ni por asomo las he tenido, aquí, a esa distancia, de hecho, incluso más lejos. Han llegado a notar mi presencia en el hide de lona, y al más leve movimiento del objetivo se han ido. Ésta no, ésta aguantó, incluso se iba acercando poco a poco, con ese andar característico y, eso sí, parece que en ningún momento me quitó ojo, aunque no llegó a alterarse lo suficiente para marchar.


Decidió cambiar de orilla, un poco más cerca, a unos 30 metros.


Y desde ahí seguir mirando por el río a ver si lograba algo de pitanza. Algo le llamó la atención, de repente se estiró, ladeó la cabeza para fijar la distancia y arponeó.




Pero nada, otra vez será, una sacudida de cabeza para secarse y vuelta a empezar.


Aquí ya se metió entre la maleza, donde de vez en cuando le adivinaba el cuello y la cabeza, pero ya no se mostró más.
Llegó la hora de marchar, salí disimuladamente y creo que no la asusté, porque ni la vi salir ni la oí graznar, cosa que suelen hacer cuando las asusto, mejor, quizá para otro día me siga dejando hacer.

7 sept. 2011

Por la orilla del río (II). Mirlo acuático

Hoy llegué relativamente tarde, a eso de las 10 de la mañana, y ya andaban los acuáticos alrededor de los toldos, buena seña.
La entrada, con agacharse un poco, permite casi meterse sin ser visto, pero uno estaba posado a un metro escaso y. lógicamente, no duró mucho.
Aprovechando este nivel de confianza monté la cámara y eché las primeras, por si acaso, no vaya a ser que volviera de vacío.


En un minuto volví a salir, a quitar unas ramas que se habían atascado donde las piedras y a poner el flash, por si acaso hacía falta usarlo. Vuelvo a entrar, pongo la red por encima y a esperar.
En ningún momento se fueron de la distancia de la foto de arriba, señal de que estaban bastante confiados, y en cuestión de diez minutos ya se iban acercando.



Durante toda la mañana puede observar a placer sus idas y venidas, chapuzones y escaramuzas. 
Cosa importante en caso de querer fotografiarlos es que no son muy aficionados a las zonas de sol, de hecho las pisan más bien poco, aunque si les pilla de camino no dudan en chapotear en la parte iluminada, aunque en breve seguro que buscarán la sombra.
Nada, bucean y prospectan las piedras que están medio cubiertas.



Y da gusto volver a verlos salir completamente secos, ni una gota por el plumaje, (una auténtica capa impermeable) y con , seguro, algún premio en forma de larva, insecto, ninfa, etc...



Mientras bucean son incansables, suben y bajan las piedras sin parar, y de repente buscan una piedra a la sombra y se paran un rato, 5 ó 10 minutos, sin hacer nada más que movimientos arriba y abajo, muy suaves, como si estuvieran recuperando el aliento. 
Estos momentos son los mejores para fotografiarlos, sin duda, pero nunca, en todo este tiempo que llevo observándolos, se han posado en ningún sitio que mínimamente diera el sol, nunca. Así que sólo queda tirar de ISO y confiar en la cámara.
Estos en partícular son familia, sin darme cuenta tenía otra vez, a escasos dos metros, a uno de los pollos del año, tan tranquilo, acicalándose y descansando.



Hoy llegué a ver cuatro distintos, normalmente, supongo que los adultos, no se suelen acercar mucho entre ellos por estas fechas, de hecho, si uno cualquiera empieza a estirarse, a enseñar de forma ostentosa el pecho blanco y a píar, probablemente, en medio minuto se enzarce en una gresca con otro, al que no habremos visto y aparecerá de repente, de la nada, hasta que uno decida que es mejor irse, perseguido por el otro y vuelta a la normalidad. Pero éste no, seguro que todavía muy joven para discutir dejaba acercarse a uno de sus progenitores.


Y ya para acabar, un par de fotos más en las que se puede apreciar el llamativo plumaje del dorso, tan abigarrado que, como comenté arriba, no deja pasar el agua, y de un llamativo diseño ajedrezado. Y otra frontal, en la que se puede ver claramente los distintos matices de color en el plumaje.