12/10/2022

En el río esperando al Mirlo acuático

Las crecidas del río en el invierno del 20 habían destrozado completamente el hueco en el que me escondía para echar las mañanas: un talud de regodones y un Aliso que llevaban ahí por lo menos 20 años. De un día para otro desapareció todo. Supongo que algo habrían tenido que ver las obras de canalización que se estaban realizando unos metros más arriba y que le cambiaron el cauce al río.

El año pasado otra vez las crecidas volvieron a dar forma al talud, arrancando de lleno las raíces del árbol creando un hueco rectangular casi perfecto, de escaso metro y medio de ancho, de libro para esconderse pero, a priori, con un defecto gordo: queda perpendicular a la corriente, eso sí, dando frente a un rabión muy propicio para lo que busco. El hueco anterior me dejaba batir esa corriente y todo lo largo del cauce hasta que desaparece en una curva. En éste, si quiero mirar hacia abajo hay que forzar mucho la posición, casi deshaciendo todo el tinglado, pero a la larga resulta rentable, como se va a ver.

Como le entra la luz muy rápido madrugué un poco, en media hora solo una lejana Lavandera cascadeña se dejó ver.


Lavandera cascadeña

Al poco rato ya empieza a subir el Mirlo acuático entre piedra y piedra. Y algo no le cuadró y tuvo que acercarse a mirar, casi se me va del enfoque de la cámara. Cuando vio que yo no hacía nada y que ni muerdo ni asusto siguió tranquilamente.




Mirlo acuático

Por el lateral río abajo veo un Cormorán grande de pesca. Intento buscarlo aprovechando que el Mirlo se me ha alejado un poco. La monto buena entre coger la posición, forzar el objetivo por el agujero y apoyarme medio estable. Y mientras busco al Cormorán me cruzo con esta Garza real que estuvo un rato en esa piedra, supongo que intentando adivinar que era aquella cosa negra brillante que se movía.



Garza real

Cormorán grande

Hay un grupo de Ánades reales, pero ahí mi nivel de contorsionismo ya no me deja hacer más.

El resto de la mañana amenizado entre las ramas con Mirlos comunes, Petirrojos, Ruiseñor bastardo y Arrendajo.

Al levantarme para salir el primer Mirlo acuático ya estaba acompañado de otro que se me quedaron mirando antes de pegar el salto a unas piedras más lejanas.



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